lunes, 25 de febrero de 2013

Retroceso de la vida en la muerte


22 de septiembre: Un día común lleno de personas caminando por las calles, de carros atascados por el tráfico abundante, de niños en el colegio y de una esposa aguardando por la vida o muerte de su amor en la sala de una clínica.

5:00:01 pm Con gran esfuerzo abro lentamente mis ojos, pero, no entiendo el dolor que siento en mi espalda y no entiendo tampoco porque no puedo hablar... Estoy amarrado y creo que es porque estoy lleno de tubos y sondas -quizá intenté quitármelos-, escucho el sonido de las ambulancias, el revoloteo de los pájaros en la ventana y el carro de helados que siempre correteaba cuando era niño... Intento voltear mi rostro, pero me es imposible también, alcanzo a visualizar el rosario con el que mi esposa reza todas las noches -debo estar muy enfermo-. Llega una enfermera con rostro angelical y comienza a consentirme -creo que soy su paciente favorito- ella me dice: ¡Despierta!, tienes que ser fuerte, tu familia esta esperándote y no sé porque no siento las lágrimas caer de mis ojos -estoy mal-, tengo el corazón arrugado, intento responder pero no puedo -quiero gritar-. 


5:00:10 pm : La muerte ha venido por mí -eso creo-, aun no la he visto, pero sé que me llevará... Tantos años de enfermedad deben acabar y así poderle dar tranquilidad a mi familia... Este dolor es peor que cuando mi papá a los 8 años jalo tan duro mi diente flojo que el otro que aún no estaba para caerse cayó al mismo tiempo, fui motivo de burla en el colegio, pero eso era normal en ese tiempo... Estas máquinas que están a mi lado hacen un ruido tan molesto que recuerdo cuando mi madre compró ese estéreo con 2 parlantes que al prenderlo la música despertaba a media cuadra - yo lo odiaba e intenté dañarlo-, mis tías eran las más felices porque iban a mi casa a hacer fiestas - no recuerdo haberlas querido-, me sacaban a bailar como si fuera un juguete más de ellas, además de sus feos copetes y sus pantalones apretados. Escucho el viento y creo que acaba de pasar un carro aproximadamente a 90 km/h - debe ser el loco que va tarde a una cita de amor-.


5:00:20 pm :  La enfermera bonita acaba de abrir un poco la ventana, pero intento gritarle que siento frío - no me escucha-, miro mis manos y están hinchadas, ya no son las mismas con la que a los 15 años tomé a mi primera novia, con las que le entregué flores y chocolates y con las que a los 20 empecé a escribir poemas en aquel parque el cual tenía arboles gigantes y hermosos. Si tuviera un espejo lo rompería, mi rostro debe estar pálido y mis ojos grises deben estar apagados -sí, como lo estoy yo-, quizá por estar postrado en esta maldita cama ya debo estar más flaco pero tal vez conserve mi pequeña estatura... Recuerdo también por la ambulancia que acaba de pasar, cuando sufrí de apendicitis  estaba en el grado de mi hermano Karl y en ese lugar, hospitalizado -como hoy-, conocí a Mary -mi esposa y a quien amo, la de labios dulces y cuerpo estilizado-... Acaba de llegar alguien y pregunta : ¿Cómo está el paciente? y es el médico de turno y con rabia intento decirle Muy bien, perdiendo mi vida en una cama y usted? -siempre manejé la ironía-... Siento pasos y no sé porque estoy nervioso, estoy tan nervioso como la vez que decidí pedirle matrimonio a Mary en ese crucero que nos llevó a recorrer Europa y más nervioso cuando ella me dijo que sí, que me amaba y que quería estar conmigo siempre, eso fue a mis 30 -estaba feliz-... ¡MOMENTO! acaba de entrar Max - mi hijo-, lo escucho, lo siento...


5:00:35 pm : No Hijo, por favor no lo hagas... Las lágrimas de mi hijo alteran mis latidos - estoy llorando- no sé si lo siente- ese abrazo que me estás dando me empuja a salir de esta cama, así como cuando tu madre me dijo que estaba embarazada y que serías un hombre -como yo-, mis anhelos crecían y desde la noticia te amé, te amé más que a todas mis letras y mis hojas en blanco... Cuando naciste yo estaba junto a ustedes, la emoción de ver tu rostro tan fino, esos ojos azules y tus balbuceos tan inocentes, hicieron que me desmayara -maldito desmayo-, ese fue el motivo de los médicos para descubrir mi enfermedad a mis 32 felices y juveniles años


5:00:40 pm : Estas confesiones inconscientes me han hecho sentirme más débil, la enfermera debería venir a inyectarme para que pueda sentirme aliviado - en esta pobre cama no hay alivio-, una inyección, como la primera, esa que iniciaba el tratamiento contra el cáncer, esa que empezó a ponerme calvo y feo, esa que acabo mis días felices, pero que a la vez me unió mas a Mary y que aumento el sentimiento en mis poemas y por mi familia.. Por la enfermedad se me cerraron las puertas laborales, pero decidí hacer recorridos escolares, en donde los niños jugueteaban como los que se escuchan desde aquí, deben estar jugando a las escondidas y deben estar colocándose penitencias que los avergüenzan, como la que le tocó a Max en uno de sus juegos, bailar frente a todo el colegio... Acaba de pasar un carro de bomberos, espero que no sea grave, así como cuando por la enfermedad caí débilmente al piso mientras cocinaba para Mary, no me quemé, pero la casa quedo inhabitable.


5:00:50 pm :  Siento hambre y mi hijo partió a su trabajo -espero que le vaya bien-, quiero que Mary entre a verme y me de así sea una de esas golosinas que me encantan -las que tienen centro líquido-, no sé cuál es el alimento que nos dan a los enfermos, pero sé que no quita el hambre - pero no me escuchan, no me puedo quejar-... Sí, ha llegado Mary, no entiendo porque llora ¿QUE PASA? - me siento asustado-, ella empieza a acariciarme y a decirme: Amor no hay remedio, ya luchaste y es hora de que descanses ¿Cómo así? - yo quiero levantarme-, así como esa  mañana que estuve en casa, que hice desayuno, que jugamos en la piscina de aquel hotel el cual fue nuestra vivienda temporal y esa en la que empecé a decirles que los amaba, esa misma en la que recibí la llamada de que gané un premio al mejor poema de amor -mi sueño convertido en realidad-...


5:00:55 pm  Me falta la respiración, siento que mi cuerpo arde y quiero a mi hijo, quiero a Mary... Ellos ya han salido, creo que las visitas son cortas y efímeras -como lo fue la entrega del premio-, un niño que va pasando por la calle llora -debe sentir hambre-, siento que estoy en los pisos bajos de la clínica porque escucho todo y lo que escucho se relaciona con mi vida, estar aquí duele más que las anteriores veces, casi 18, antes podía hablar pero ahora ni el botón para llamar a la enfermera puedo tocar... En este momento me siento impotente, como esa vez que no quisieron ayudarme a construir un nuevo hogar y por lo que me tocó trabajar en carpintería estando enfermo. Mi vida ha sido feliz, amarga y dura, la valentía ha sido mi fortaleza, la familia mi motivo y yo sigo luchando por levantarme para mejorar todo... Lo que me dijo Mary sonó a despedida -no quiero irme-  y mientras tanto estos aparatos se están descontrolando, me siento ahogado...


5:00:59 pm  Llegan médicos y enfermeras, me han quitado la máscara de oxígeno... Siento choques eléctricos en el pecho - son más bien cosquillas-, de esas que tomaban protagonismo en los juegos de padre e hijo aún siendo viejos y siento una tos tan grave como la que me obligó a venir al médico para una revisión, esta vez creo que mis pulmones están graves porque me están dando aire mecánicamente -algo está mal-, no siento mis manos, no siento el movimiento de mi cabeza, no siento lágrimas, no siento nada... En un suspiro diré que los amo, ese será el último.


5:01:00 pm  El niño que iba llorando si tenía hambre, el loco iba tarde a su cita de amor, el incendio era grave, Mary llevaba en su bolsillo golosinas con centro líquido, Max estaba en una junta para ser ascendido de su cargo, la enfermera quería a Peter y era su paciente favorito... 

Un bebé está por nacer -lo escucho-, y yo aquí lanzó mi último suspiro -muero-, los amo, no me olviden y en mi memoria escriban un epitafio que me aluda.

Y así, a las 5:01:00 pm del 22 de septiembre en la cama 17 murió Peter Brown, padre amoroso y orgullo familiar... Murió a la misma hora a la que uno de los árboles del parque en donde Brown escribía, lanzó su primera hoja al suelo indicando el inicio del otoño.

''El tiempo no es más que una ilusión causada por la muerte''



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